Película recomendada.

“Dersu Uzala” “El cazador”
es, también, el título de una película de
1975
basada en el libro de Arséniev, de producción
soviética
y dirigida por el
japonés Akira Kurosawa. Fue rodada durante 1974 en los escenarios naturales de la taiga siberiana que recorrieron Dersu y Arseniev, a pesar de que hacía mal tiempo para el rodaje.
Ganó un
óscar en 1975 como «Mejor película de habla no inglesa»;
así como el Gran premio en el
Festival Internacional de Cine de Moscú
y el
David de Donatello a la mejor película del año.

Dersu es un solitario, patizambo, cazador que vive en
comunión con su entorno. El pelotón militar no tarda en adoptarlo
puesto que es trabajador y se integra en el grupo colaborando con sus
dotes de tirador y rastreador. No obstante, la enseñanza que Dersu
puede aportar (para quien quiera prestarle atención, algo que los
infantiles soldados rusos no parecen hacer) es básicamente un
aprendizaje de la Naturaleza. Dersu habla con el fuego, con el agua,
arroja comida para que sus familiares fallecidos no padezcan y
utiliza de la Naturaleza aquello que la naturaleza le permite
utilizar, como las cortezas de los árboles o los tallos de unos
juncos. En el momento de su estreno, y posteriormente, mucha gente
valoró Dersu Uzala como una bucólica y simplista película
ecologista. No obstante luce un panteísmo menos feliz del que
aparenta. Dersu deja claro que el mundo, la taiga, está llena de
“personas”: el Sol es la más importante, sin él no
viviría nadie. Pero también son gente el agua, el fuego, el viento.
Posiblemente muchos espectadores se sonrían ante tales declaraciones
y Kurosawa enfatiza las últimas acompañándolas de una ráfaga de
viento que agita el fuego y las ropas de los protagonistas. El hombre
debe estar en armonía con estas otras personas para sobrevivir en la
taiga. El hombre es demasiado pequeño al lado de la gran Naturaleza,
dicen los personajes. Y en este sentido incide una de las escenas
culminantes de la cinta, la tormenta de nieve que sorprende a
Arseniev y Dersu durante su observación del lago helado y en la que
el segundo salva la vida a ambos gracias a su ingenio y su
conocimiento de la Naturaleza.

No obstante, más allá de su espíritu ecológico,
Dersu Uzala es la crónica de una amistad que Kurosawa traza
en base a pequeñas anécdotas. En su formato de película de
aventuras, la cinta acoge la progresiva calidez de la relación entre
el explorador y el cazador. Arseniev, ruso, científico, intelectual,
queda fascinado por el hombrecillo nómada no tanto por sus
habilidades como por su “alma”. Dersu es desprendido,
responsable y solidario. Significativamente, mientras los rusos
desprecian la cabaña que encuentran en el bosque, Dersu la repara y
se asegura de que queden en ella provisiones para cualquier otro
viajero que llegue hasta allí. Más tarde, al ofrecérsele un pago
por sus servicios, Dersu lo rechaza en primera instancia; luego,
avergonzado, dice ser mala persona y solicita unos cartuchos.
Arseniev, por su parte, es solidario con los otros viajeros. Dersu no
ve en él tanto un sabio, como una persona también respetuosa y
ansiosa de aprender.

Posiblemente los mejores momentos de la cinta están
tan vinculados a este aspecto como al anterior. Se ha dicho, se ha
hablado, se ha criticado, el concepto de “humanismo” del
cine de Kurosawa. Sea como sea, Kurosawa es uno de los cineastas que
mima a sus personajes, que sabe recoger en pantalla sus sentimientos
y trata que el espectador los comprenda. Su puesta en escena, simple
en apariencia, favorece la emotividad. En determinado momento la
patrulla sigue una pista en la que Dersu identifica huellas de tres
días antes y las atribuye a un chino ante la desconfianza de los
soldados blancos. Finalmente, en un claro del bosque se confirma lo
dicho por Dersu. Se trata de un viejo que ha perdido su esposa y se
ha recluido en los bosques. Arseniev, conmovido, le ofrece comida que
el anciano tira por el suelo y luego recoge, atolondrado. Arseniev se
siente en deuda con este solitario y pretende acogerle en el grupo
pero Dersu le plantea que ahora el anciano medita. Al amanecer el
chino acude a despedirse, silenciosamente, con formalidad y grandes
reverencias. Luego se aleja en silencio mientras la nieve cruje a su
paso. Ni los protagonistas ni el espectador sabemos más de este
personaje pero la cámara de Kurosawa ha recogido su sobriedad y su
serenidad y nos la transmite con emoción. Una emoción que se repite
en las dos despedidas de Dersu (especialmente en la segunda, que se
sabe la última, teatralizada en el salón de Arseniev) y en el
reencuentro entre los dos amigos que tiene lugar al inicio de la
segunda parte, cuando ambos tratan de abrazarse mientras un gran
tronco les separa.

Kurosawa trabaja la estructura de Dersu Uzala en
cinco bloques. Por una parte, el prólogo y el epílogo, de carácter
elegiaco tanto por el personaje como por el mundo que desaparece. En
el centro, tres partes claramente diferenciadas.

El primer viaje es un viaje de emociones y de
descubrimiento. Arseniev realmente descubre la taiga al “descubrir”
al buen salvaje que es Dersu. Kurosawa se esfuerza a fondo con su
habilidad para trabajar la fisicidad y acercarnos a la situación de
los personajes. Lo recoge con el sonido (los omnipresentes cantos de
los pájaros, el ulular del viento que amenaza las vidas de los
protagonistas en el lago, el crepitar del fuego o de la nieve al ser
aplastada, los jadeos de los protagonistas esforzándose por
sobrevivir, el zumbido de las moscas, el ruido de los juncos al ser
cortados en una carrera contrareloj.), con la luz (el sol en descenso
progresivo marcando una hora límite para la supervivencia, las
esporas que vuelan a contraluz) o, simplemente, con el movimiento
(las caídas en el hielo, el pelotón de caballos en el barro, la
zambullida en los rápidos del río).

En el segundo viaje se concentran los incidentes
argumentales: hay bandidos, tiroteos, tigres y balsas a la deriva.
Kurosawa, sabiamente, consigue darnos el sabor de la aventura con la
mínima expresión visual: los asesinatos, los animales muertos, el
rescate de Dersu del río son en off, no hay efectos
especiales y, aun así, sentimos la emoción, el peligro.

Kurosawa nos lleva sabiamente, irremediablemente, a
la tercera parte. Acosados por Amba, el tigre, Dersu le dispara antes
de que éste le ataque. Ha roto el equilibrio de la Naturaleza y
siente que Canga, dios del bosque, exigirá reparación.. Dersu ha
actuado como habría hecho uno de los hombres blancos. La secuencia
encadena con una imagen onírica en la que el espíritu del tigre le
acecha. Luego con el reconocimiento de la pérdida de visión, Dersu
sufre el terror y la desesperación que implica la invalidez y ello
le llevará, pendiente abajo, a refugiarse en la casa de Arseniev
(“como en un pato en una caja”). La amargura del episodio
final empaña la belleza previa. Mujer e hijo acogen al invitado pero
la ciudad no es para Dersu. Sentenciado por el destino, parte en un
último viaje al bosque. La amarga ironía de la Historia remata la
película. Si al inicio veíamos que la tumba del anciano cazador
desaparece sin dejar rastro, arrasada por un mundo que representaban
aquellos a quienes ayudó, al final sabremos que es asesinado para
robarle el rifle moderno que Arseniev le regala para ayudarle a
sobrevivir. Arseniev, entristecido, desconcertado, avergonzado, no
puede si no testificar el final de una época y rematar su túmulo
con el cayado de madera que acompañó a Dersu en todos sus viajes.

Dersu Uzala no solamente certificó la
vigencia del cine de “Sensei” Kurosawa. En su amarga
belleza, recoge aspectos de la denostada Dodeskaden e inicia
una saga de películas en las que tienen lugar el fantastique y
el ecologismo. Sus referencias a la noche de Walpurgis y al fantasma
de Amba, el viento asesino del lago o los espíritus del bosque
seguirán referenciados en uno u otro modo en Kagemusha, Ran,
Sueños
e, incluso, en Rapsodia de Agosto o Madadayo.
La necesidad de respetar la naturaleza y de mantener un equilibrio
con ella y con uno mismo serán los ejes de algunos de los Sueños,
de Rapsodia de Agosto y de Madadayo. La oportunidad que
Dersu Uzala significó para Kurosawa le permitió completar
hasta el último aliento una carrera profesional con un admirable
compromiso ético.

A todos los que nos gusta, la vida, los amigos, los
buenos momentos; mirar, escuchar, ver, sentir esta película, merece
la pena reflexionar y disfrutar con ella.

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1 Response so far »

  1. 1

    Basseta said,

    Magistral cinta. Enhorabuena por la elección. Esta película es para mí una de las mejores de la historia del cine. Es posible que hoy en día, acostumbrados a otros ritmos, efectos especiales, etc, pueda parecer antigua, pero el mensaje sigue siendo actual 100%.


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